Debates

Una de las muestras más evidentes de que, a pesar de toda nuestra civilización, seguimos teniendo una mentalidad tribal, son los debates pre-electorales.

Piénsenlo bien: ¿qué importa si un candidato es un buen debatista o no? Sí, nos gustará que tenga una mente ágil y un verbo afilado, que sus razones sean lógicas y convincentes, y que tenga buenos argumentos para defender sus ideas. Pero al final, si gana las elecciones, eso será muy poco relevante. Un presidente del gobierno no es un rey "a la antigua", del que dependen todas las decisiones: es sólo la cabeza de un cuerpo de políticos que, entre todos, toman las decisiones que dirigen el país. Es una pieza más del "motor decisional", por decirlo así. Que Zapatero machaque a Rajoy o que Rajoy humille a Zapatero no importa. Son los mascarones de proa de sus respectivos equipos, de los ministros futuribles, y de esos ministros dependerá más el futuro gobierno que de la habilidad del futuro presidente en el debate.

Es muy probable que el "paladín" que identificamos en uno u otro candidato nos decepcione luego cuando llegue al gobierno. Cuando eso pase, recuerden que es culpa suya por olvidar que estamos eligiendo al presidente de gobierno, no al jefe de la tribu.