Earl Grey

Desde hace unos años, por las "malas influencias" de amigos que viajan mucho o que han vivido en países anglos, me he aficionado al té.

He probado unos cuántos, pero en general no había desarrollado una "filia" demasiado intensa. Lo incorporé a la lista de bebidas que me gustaban y que podía tomar de vez en cuando, pero nunca me fijé demasiado en las variantes que había. Básicamente, para mí estaban el chai indio, el té con menta que tomábamos en la Feria Medieval, y todos los demás. Me gustaba pasar por los puestos de la Feria, por el buen olor que daban los tés, pero no era demasiado sibarita en cuanto al que tomaba. Eso también es, en parte, porque el té lo tomaba más cuando quería espabilarme un poco que por sólo el gusto de tomarlo. Casos típicos: un sábado por la mañana, cuando mi cuerpo decide que eso de levantarse a las 8:30 o 9 es una buena idea, a pesar de haberse acostado a las 3 de la mañana; o un domingo por la tarde, después de comer, para limpiar luego con la furia de un berserker.

Sin embargo, el otro día en el supermercado vi unas cajas de té de Twinnings, marca famosísima (y antiquísima, y carísima) de té. Había dos, una caja negra y otra amarilla. No recuerdo qué ponía en la negra (Prince of Wales, creo), porque la que cogí yo por eso de probar fue la amarilla, Earl Grey. Al llegar a casa la guardé en el armario, en el cajón de las infusiones. Le he cogido el gusto a las infusiones, y tengo tantos tipos que tienen su propio cajón desde hace tiempo.

Siendo ayer viernes, y hoy sábado, llegó uno de esos momentos típicos para tomar algo de té. Y cómo no, me dije: "voy a estrenar la caja de Earl Grey que compré el otro día". Lo primero que hice tras abrir la caja fue oler el té, a ver qué tal. Un té bueno debería ser aromático; debería seducirte primero por el olfato y luego por el gusto, por decirlo así. Y además, si era horrible, era mejor catarlo primero con el olfato antes de tener que tragarme una bebida infecta.

Así que abro la caja, quito el precinto, acerco la nariz, huelo ... ¡y huele genial! Luego calenté agua, eché el té, lo dejé un ratito, eché algo de leche ... y lo probé. Riquísimo.

De todas formas, tengo que probarlo un día "a pelo" (o black, que es como se llama en inglés a tomarlo sin leche), para probar su sabor sin aditivos. Tiene un toque afrutado que a mí me recordó a la naranja. De hecho, cuando lo olí, me recordó a algún tipo de galletas que había probado en algún momento.

Por supuesto, lo primero que hice tras tomarlo fue ir a ver qué dice Wikipedia sobre el té Earl Grey. El olor que a mí me recordaba a naranja viene del aceite de la naranja Bergamot, un cítrico hasta ahora desconocido para mí, cruce de limón y naranja. Le atribuyen efectos positivos tales como ayudar contra la depresión y aumentar el rendimiento intelectual. Vamos, la leche.

Hasta ahora no tenía un flavour (hablando de té, me perdonarán que aumente el número de incursiones del lenguaje de la pérfida Albión) preferido, pero el Earl Grey acaba de ganar ese puesto. Ahora podré aumentar mi coeficiente snob pidiendo este té cuando vaya a tomar algo por ahí.

Que es, al fin y al cabo, el verdadero objetivo de tomar té, my darling.

Earl Grey

A verdade é que a min tamén me gustan bastante os tés e teño que dicir, que o Earl Grey é a miña variedade favorita.