"The enchantment of Lily Dahl"

Este fin de semana no tenía a mano el libro que había empezado a leer, así que me zampé otro que tenía en el montón de "libros por leer": The enchantment of Lily Dahl, de Siri Hustvedt.

Tras las primeras veinte o treinta páginas, pensé que estaba leyendo una pieza clásica de chick-lit. Estaban todos los elementos: chica joven, guapa, trabajadora e independiente conoce a artista guapo y misterioso, y siente por él una pasión arrebatadora que le hace dejar a su estable, tranquilo y predecible novio actual. Faltaban otros tópicos (la playa, hacer el amor delante de una hoguera, cabalgar a caballo), pero todavía quedaba mucho libro y no se podía descartar nada.

Por suerte, no ha sido así. Sí que hay mucho de chick-lit, o al menos (no habiendo leído -- conscientemente -- nada del género) eso me pareció: por el punto de vista, la cantidad ingente de introspección sobre los sentimientos y pensamientos de la protagonista, las descripciones minuciosas de los vestidos y cuerpos de los protagonistas (por ejemplo, de las manos del artista; no sé por qué, a muchas mujeres les fascinan las manos; y no es que me queje, ojo, pero me intriga) y las escenas "sexy". Seguro que hay libros escritos por hombres que también tienen mucho de eso, pero para mí (y llámenme machista si quieren) son algunas características de la literatura femenina. Acepto humildemente correcciones y comentarios.

No me gustó demasiado. Un tanto aburrido, diría yo. Haciendo que el artista sea en realidad un espía secreto que se enfrenta a una sociedad secreta con un ejército de mujeres ninja con espadas láser y una talla 90 copa C, usando aparatos de ultimísima tecnología y con coche de trescientos caballos, con banda sonora de AC/DC, sería mucho más apetecible para el público masculino. Apúntenselo si desean vivir de esto.

"I've changed my address"

Que, por si no lo saben, es una de las canciones que salen en el fantástico LP de Diana Krall The girl in the other room.

Hace unos meses (dos o tres, no recuerdo), Ya.com me envió un SMS diciendo que tenían un regalo para mí. No vean cuanta alegría cuando recibí por SEUR un nuevo router ADSL, un D-Link DSL-G624T. Al parecer, estaban renovando las líneas y me mandaban un router nuevo "para premiar mi fidelidad". Buscando por los foros de Internet me enteré de que tenían que cambiar los routers por narices, para adaptarse a la red ADSL2+ (o algo parecido; no me pregunten los detalles), pero eso no quita que el regalo sea menos bonito.

La señal de "ira y fuego" sería un SMS que me iban a enviar, y un corte en la conexión a Internet. En la carta adjunta al router lo advertían claramente: no había que instalar el nuevo router hasta que se detectara un corte permanente en la conexión a Internet, y me enviaran un SMS. Si había algún problema, podía llamar al teléfono 900 811 164. Para cualquier otra duda, también tenía a mi disposición el teléfono 900 902 222 de Atención al Cliente.

Antes de nada, les voy a explicar brevemente por qué todavía estoy en Ya.com, pagando unos 35€ al mes por una conexión a 2Mbits (con 300kbits de subida), cuando hay opciones más baratas (Wanadoo, ahora Orange, ofrece 20Mbits/1Mbit y llamadas nacionales por 20€ al mes; supongo que habrá otras ofertas parecidas): tengo IP fija. Cuando contraté el ADSL, todavía se daban IP fijas. Es un privilegio heredado de aquellos tiempos al que me aferro con la misma fuerza que los británicos a Gibraltar (y los españoles a Ceuta y Melilla, que no vamos a ir de santos a estas alturas). Gracias a esa IP fija tengo mi DNS, mi correo y esta página web que están visitando, así como el correo y DNS de otros dominios de amigos (¡Hola, Rozío!). Eso, y otra cosa que tengo que decir a favor de Ya.com: en cuatro años que llevo con esta conexión, nunca he tenido un corte. Increíble, quizás, pero cierto. Los únicos cortes se han debido a que mi vetusto router 3Com OfficeConnect 812 se atragantó un par de veces y hubo que reiniciarlo.

Estando así las cosas, el viernes pasado (día 4 de Mayo) a media mañana estaba en el trabajo y noté que no podía llegar a mi equipo de casa. Pensé que sería otra vez un cuelgue del router, y cuando llegué a casa lo reinicié. Como tenía otras cosas entre manos, y no me hacía falta inmediatamente, no me preocupé de comprobar si funcionaba. Hoy a la tarde volví a mirar si tenía conexión, y no, seguíamos aislados de la Aldea Global. Supuse que sería el momento del cambio a ADSL2+, pero me extrañó no haber recibido el SMS. Comprobé el móvil, pero nada, no había ningún SMS.

Mi siguiente paso fue llamar al 900 811 164. No contestaba nadie. No, más que eso: era como si la línea se colgara antes de conectar. Segunda opción, teléfono 900 902 222, Atención al Cliente: música de fondo y un mensaje grabado de una señorita que me decía que no podía llamar a aquel número desde mi teléfono. Probé con el móvil, y tampoco. Como uno ya se ha pegado ha tratado con ISPs en otras ocasiones, y no se espera gran cosa de ellos, imaginé que efectivamente había llegado el momento del cambio, y que la mejor manera de comprobarlo era enchufar el nuevo router y ver si tenía conexión.

Las instrucciones que venían con el router son muy claras, y todo funcionó a la primera. Todo salvo un detalle: según los documentos, la opción que tenía que escoger en el router era la que le asignaba la IP al router dinámicamente, quedando los equipos de la red interna con IPs privadas. Dicho de otro modo, era una configuración "multipuesto", y la que yo necesito es "monopuesto". Así que, otra vez, tuve que hacer caso omiso de lo que decían las instrucciones de Ya.com y configurar el router de forma diferente a la que aparecía allí. Tampoco piensen que estuve una hora reajustando cosas: el modo "monopuesto" es lo que se llama una configuración en bridge, y el asistente de configuración por web del router daba eso como una de las opciones. Lo cambié, y puse la configuración de red nueva (que saqué del estado del router cuando había conseguido la IP de forma dinámica) en el interfaz externo de warcat, el PC conectado al router. Pero que si quieres arroz, Catalina: aquello no iba.

Me gustaría decir que averigüé lo que pasaba rápidamente por mis grandes conocimientos, pero la verdad es que tuve un poco de suerte. También tenía conectado el portátil al router, porque lo había usado para la configuración inicial. El router tiene un servidor DHCP, y le había dado una IP en la red 192.168.1.0/24 al portátil. Como no funcionaba (o eso creía yo) el modo bridge, pensé en, por lo menos, ir cambiando la dirección IP de LAN del router, porque la red 192.168.1.0/24 también era la que tenía en la red de la habitación. Cambié la IP en el router, y a continuación forcé la renovación del lease del portátil para que me diera una IP en la nueva red. Cuál no sería mi sorpresa cuando la IP que me da el router no es la de la red local, sino la que tenía en Internet. O sea, tenía mi portátil en monopuesto.

En ese momento caí de la burra, porque este comportamiento es de lo más normal. No conozco bien los detalles técnicos y puede que meta la pata, pero tal como lo entiendo yo los ISPs asignan las IPs públicas a los routers por DHCP. Cuando ponemos el router en modo bridge, es como si desapareciera; lo único que hace es, por decirlo así, convertirse en un interfaz de red ADSL (como una tarjeta de red Ethernet es un interfaz para redes Ethernet). Cuando lanzamos un cliente DHCP en el PC, las peticiones DHCP son remitidas por el router a la red del ISP, que contesta a ellas "dándole" una IP a quien la ha pedido. La respuesta llega al router y éste la deja pasar hacia el PC, que configura la IP en su interfaz.

Sé que no habrán entendido ni jota salvo que sepan algo del tema. La verdad es que me explico fatal. Resumen para los no técnicos: ahora ya tengo configurado el router en monopuesto, y soy feliz. Acompáñenme en mi regocijo.

Ya están cambiados los DNS para sustituir la IP anterior (80.25.126.146) por la nueva (84.78.54.111). Todavía no he hecho el análisis numerológico de la nueva IP para ver si me es propicia o no, pero todo llegará. Ahora tendré que esperar a que se propaguen los DNS para recuperar todos los servicios que tenía, pero es cuestión de tiempo.

Por cierto, que con estas coñas ahora tengo dos routers 3Com 812 OfficeConnect de sobra, uno de esta conexión y otro de una anterior en otro piso. Si alguien necesita alguno, que me envíe un email a la dirección habitual.

Actualización dos horas después: además de la mejora de router, parece que también ha habido ampliación de caudal. Me he bajado unos paquetes de ftp.at.debian.org a 430KBytes/s, lo que me da un poco menos de 4Mbits/s. Soy, si cabe, todavía más feliz.

El bazar de las palabras

Una de las cosas más difíciles de escribir es evitar las palabras y expresiones que se nos han pegado de libros, gente, radio o televisión, y que no aportan nada, sólo contaminan y confunden lo que dices. Piensas en cómo decir algo, y es como si tropezaras con ellas, como si se interpusieran en tu camino para hacerte caer y fijarte en ellas. Es como ser asaltado por mercaderes, ofreciéndote sus mercancías a grito pelado, en un bazar. El bazar de las palabras.

Todos los escritores consagrados dicen que lo más importante para un escritor es "encontrar su voz". Esa voz está en algún sitio debajo de la pila de palabras prestadas que todos tenemos en la cabeza. Para encontrarla tenemos que calentar y martillear nuestra prosa hasta que le quitamos todas las impurezas y le damos la forma deseada. Lo que buscamos es guiarnos sólo por la intuición y no por las influencias externas, que aparentemente es cuestión de dejarse llevar y no pensar conscientemente en cómo se está escribiendo. Pero para conseguirlo, tenemos que hacer un esfuerzo consciente para discernir qué parte de lo que escribimos es propia y qué parte está ahí de adorno, copiando el estilo de algún otro autor, tapando nuestras inseguridades al escribir. En mi caso, cuando me descuido tiendo a usar un estilo artificioso, pretencioso y pedante (y cuando escribo en inglés, más aún); y en cuanto me doy cuenta tengo que dar marcha atrás, borrar lo que he escrito y empezar de nuevo con más humildad. Divagación y vanidad son mis dos pecados capitales. Y si no me creen, vuelvan a la parte de la prosa martilleada y recalentada.

Pero compréndanme: es difícil. Te pones a escribir, e inadvertidamente el texto va cambiando, escorando hacia lo falso, lastrado por tus vicios y malas costumbres. En algún momento te atascas, y releyendo lo que has escrito tienes la sensación de que algo está mal. Y es entonces cuando seleccionas todo lo que habías escrito y vuelves a empezar, o recortas la mitad de lo que llevas y lo reescribes. O te das por vencido y cierras el editor de texto para desconectar un rato. Todos los escritores son, más bien, "reescritores". Imagino que empiezas a mejorar a medida que disminuye el número de reescrituras y cierres de editor.

Hace tiempo ya hablaba de mis malas costumbres al escribir. Esto es algo así como una continuación de aquello.

"The Brooklyn Follies", de Paul Auster

La contraportada del libro dice (traduciendo del inglés):

The Brooklyn Follies cuenta la historia de Nathan y Tom, la actuación doble de un tío y un sobrino -- uno recuperándose de un cáncer de pulmón, divorciado, y alejado de su única hija; el otro, escondiéndose de su una vez prometedora carrera, y de la vida en general.

Cuando Lucy, una pequeña chica que rehuye hablar, entra en sus vidas, de repente aparece un puente desde sus pasados que les ofrece la posibilidad de redimirse.

Y sí, el libro es todo eso. Pero aún así ...

A mí me gusta mucho el estilo de Paul Auster. Es limpio, elegante y conciso. Da gusto leer algo suyo. Pero aún así, tengo problemas con sus libros. No acabo de encontrar uno que me guste del todo. Y me ha pasado de nuevo con éste.

A The Brooklyn Follies le echo en falta un "arco argumental". O sea: normalmente, los libros parten de una situación para llegar a otra. En ese viaje pasan cosas, que son las que forman la acción. Pero hay un principio y un fin definidos, con una situación de clímax entremedias. En este libro hay una situación inicial, y luego pasan cosas ... pero no acabo de ver a dónde quiere ir a parar, ni dónde está el clímax. Al final del libro, la acción podía seguir otro rato más de la misma forma inconcluyente. Casi me dio la impresión de que Auster pensó: "Vaya, ya he llegado a las 50000 palabras. Voy a acabar aquí mismo".

También puede ser que no me esté enterando, y que el resto de lectores de Paul Auster hayan encontrado ese final que yo no veo. A lo mejor es que me falta el "chimpún" final para darme por enterado.

Fin de la cacería

Antes de nada, he de decir que escribir una entrada en el weblog mientras que la vecina de abajo me atruena con las rancheras de Rocío Durcal (¡y en modo Repeat, que ésta que suena ahora ya la escuché antes!) es algo indescriptible. Menos mal que no soy rencoroso y no voy a ponerle Pantera a todo trapo. Eso sí, de un poco de Trance que me han pasado no la libra ni Dios. Lo va a flipar.

Y dicho eso, vayamos al asunto importante.

Ayer acabé de leer Moby Dick. Supongo que no les dirá mucho porque últimamente ya ni los bots de spam por web me dejan comentarios (que diligentemente borro), y seguro que si están leyendo esto es porque han llegado por alguna de esas casualidades del destino (o de Google). Pero tranquilos, que aún así les cuento. Para ponerles en contexto, había hablado de mi aventura en el Pequod aquí.

Al final, no sé si por algo parecido al síndrome de Estocolmo, no me ha parecido un libro tan pesado. Sí que es cierto que hay capítulos enteros dedicados a una pieza del bote de ballenero, otros explicando por qué las cosas malas cuando son blancas son peores, otros con una clasificación de los cetáceos confeccionada por el propio Herman Melville, y bastantes otras desviaciones de la historia principal. La historia "de verdad" ocuparía como un tercio del libro, o quizás menos. Pero aún así, a pesar de todo esto, no es tan fiera la ballena como la pintan.

Ahora la vecina ha puesto Peret. Bien. Esto cada vez se anima más.

Hay varias partes del libro que son más densas que los demás. Y el lenguaje, un inglés florido y con bastantes arcaismos (no sé qué parte por la época del autor y qué parte por el propio género), no ayuda. A pesar de haberlo leído todo, hay partes que todavía no me han queado muy claras. Sí que me ha quedado claro que eso de ere se puede traducir por before, pero tampoco exactamente. El uso a lo largo del libro es bastante frecuente, como de dost, canst, y cosas así. Ah, y lo mejor es que parece que Melville da por sentado que la historia del mundo que se cuenta en la Biblia es la verdad, por las referencias que hace al diluvio universal y a los cinco mil años de existencia del mundo. Lo que me recuerda otros capítulos en los que describe varias partes de las ballenas, y uno en el que habla sobre su tamaño, con referencias clásicas (Plinio, por ejemplo) y mitológicas (que uno no sabe si tomarse en serio o sólo como algo poético que está ahí para adornar). Ah, y hay otro capítulo muy bueno ("bueno" en el sentido de que lo lees con el ceño medio fruncido, en incrédulo pero divertido asombro ante el absurdo que tienes delante de ti; como con las cosas que dice J. María Aznar, para que se hagan una idea), en el que reclama para el gremio de los balleneros a Perseo y Hércules.

Pero en general, a pesar de sus peculiaridades, un buen libro. No sé si merece el calificativo de "uno de los mejores libros de la literatura americana", pero no me arrepiento en absoluto de haberlo leído. Cuando hice la apuesta pensé que iba a tener que sudar tinta, pero me costó más leer el anterior a éste (The years of rice and salt, de Kim Stanley Robinson). La travesía en el Pequod tuvo sus momentos difíciles, pero en general fue un viaje agradable.

Ahora toca The Brooklyn Follies, de Paul Auster, y luego tres o cuatro libros más entre los que se encuentran uno para aprender sánscrito (sí, soy así de friki), uno sobre los océanos, The enchantment of Lily Dahl (de Siri Hustvedt, la mujer de Paul Auster) y, al final de todos, The Stand, de Stephen King. Un tocho acojonante, si me permiten la vulgaridad. No había leído nada de Stephen King, y según las reviews que he visto en Internet, el preferido de los fans (a falta de saber lo que dice Eugenio) es éste. Como factor adicional, va de un acontecimiento apocalíptico que elimina a la mayor parte de la humanidad; y por alguna razón morbosa, me encantan los escenarios post-apocalípticos. Así que The Stand fue el candidato elegido para conocer este autor.

Y poniendo la música a todo volumen, ya no oigo a mi vecina. Hoy todo son buenas noticias.

Syndicate content