Más libros

Hacía mucho tiempo que no comentaba los últimos libros que he leído. Tanto, que he tenido que ir a the pila de libros (parafraseando a Jacobo) y a la lista de posts para ver cuáles tocaban ahora.

The Weefree Men, de Terry Pratchett. Una historia sobre una niña que aprende que es bruja cuando su hermano es secuestrado por un hada malvada, y en su ayuda acude una tribu de guerreros fieros, de piel azul, vestidos con kilts escoceses ... y de unos 15cm de alto, aproximadamente. Un cuento de hadas no demasiado tradicional al estilo (supongo que) habitual de Pratchett. A mí no me gustó demasiado (me pareció un poco simple), pero a Harapos le encantó. Aunque ella es fan de Pratchett de siempre, si no me equivoco; yo no había leído nada de él hasta ahora.

Ojos de dragón, de Stephen King. Una historia de fantasía medieval bastante típica: un príncipe de un reino cualquiera que, tras la muerte de su padre el rey, es apartado del trono que le pertenece por su hermano y un mago malvado (de nombre Randall Flagg, uno de los malos habituales de las obras de King). He leído sólo tres libros de Stephen King: La Zona Muerta, The Stand ("Apocalipsis", en español) y éste; y de ellos, el primero me pareció el mejor. Lo que tienen todos en común es que se leen muy bien. Enganchan. Lees y lees no tanto porque estés disfrutando la lectura (paladeándola, como quien dice) como porque quieres ver cómo se desenreda todo el lío que se plantea. No me parece algo malo, pero a veces al acabar te quedas con la sensación de que has perdido un poco el tiempo. Que no era para tanto. Algo de esto me pasó con este libro: como pasar, sólo pasan tres cosas importantes; pero como King las cuenta muy bien, te va liando de una a otra y te tragas las 200 páginas en un periquete.

El Guerrero nº 13, de Michael Crichton. Originalmente, "Devoradores de cadáveres". Pensaba que ya había comentado este libro, pero estuve buscando entre los posts pasados y no lo encontré. Si la review es repetida, se fastidian. Lean otros weblogs, leñe, que hay miles por ahí adelante languideciendo sin lectores.

Bueno, como decía: el libro original se llama "Devoradores de cadáveres", pero desde que se hizo la película llamada El guerrero nº 13 (protagonizada por Antonio Banderas) se sacó una edición con ese título y la foto del ínclito como portada. El libro pretende ser la crónica de Ahmad Ibn Fadlan sobre su viaje desde su Bagdad natal a las tierras septentrionales (Bulgaria, originalmente) como embajador del califa. El designio es en realidad una expulsión por problemas de faldas del amigo Ahmad con una de las mujeres de un ricachón de la ciudad. En su viaje, el embajador se ve implicado en la misión de un rey vikingo, Bullywif (otra forma del nombre Beowulf), que es llamado por otro rey para ayudarle a vencer a un enemigo atávico: los Wendol, seres primitivos parte humanos y parte osos (según dice la leyenda). El libro es un retelling de la leyenda de Beowulf, que Crichton escribió como parte de un reto lanzado por otro escritor que decía que la leyenda era aburrida. Visto el éxito de libro, imagino que Crichton ganó el reto.

Unto a good land, de Vilhem Moberg. Éste es la segunda parte de la tetralogía The Settlers, que cuenta las aventuras de una familia de emigrantes suecos a los EEUU en el siglo XIX. En aquella época hubo muchos suecos que emigraron a diferentes partes de EEUU, especialmente Minessota (que es parecida por clima y entorno a su país de origen), buscando una vida mejor o libertad religiosa. Además de la familia de Karl Oskar Nilsson, otros paisanos de la parroquia de Lujder emigran también. Ya escribí algo del primer libro antes; el segundo parte desde el momento en que Karl Oskar pone el pie en el puerto de New York hasta el momento en que pasan su primer año en el nuevo mundo, pasando por todo su viaje desde New York a Minessota. Es un libro realista y sin grandes aventuras, pero me gustó mucho. No hay héroes, sólo personas normales. De todos los libros uno acaba recordando sólo tres o cuatro momentos, y de éste me quedo con cómo explica que en Suecia todo pertenecía a otras personas: otros granjeros, la iglesia o la corona. Pero en América pasan por kilómetros y kilómetros de tierras sin dueño, esperando a que llegue alguien y las reclame. Son libres.

Por último, un libro cuya versión en película (protagonizada por John Cusack) es una de mis preferidas (al lado de Las aventuras de Ford Farlane, película de culto 100% ochentera): High Fidelity, de Nick Hornby. Va de un treintañero amargado y snob musical, dueño de una tienda de discos que sobrevive a duras penas, al que deja su novia. Es el principio de un "viaje hacia atrás" del protagonista, repasando sus cinco relaciones fracasadas más importantes para entender por qué siempre le pasa lo mismo. El libro batió en su momento el récord Guiness de referencias musicales, con razón: hay constantes referencias a canciones y grupos musicales, especialmente de las discográficas estilo Motown. El autor disfraza reflexiones bastante profundas con metáforas tan inverosímiles como (mi preferida) una sobre la pérdida de la pasión en las relaciones basada en la lencería. Aparte, los dos empleados de la tienda (distintos entre sí como el día de la noche) hacen de sidekicks del progragonista, ilustrando dos tipos de personalidad bastante habituales en los frikis musicales. Es profundo y divertido al mismo tiempo; ¿qué más se puede pedir?

Ahora estoy leyendo ... tachán ... Historia (Antología), de Heródoto. Sé lo que están pensando: "menudo coñazo". Pues sí, eso pensaba yo. Lo compré sobre todo por aumentar mi coeficiente snob. Pero leyéndolo resulta que no es tan aburrido. El estilo es curioso (aunque me recuerda mucho a Tolkien en El Silmarillion), pero una vez que te pones a leerlo, y si no te pierdes entre los nombres de dioses, pueblos y personajes (las notas al pie ayudan mucho), es bastante interesante. El libro intenta explicar los motivos y el desarrollo de las guerras Médicas, entre los griegos y los persas, unos cuatro siglos antes de Cristo. Entre los hechos que se narran está la famosa historia de los 300 espartanos que dio origen al cómic y la película. Una de las primeras cosas que aprendes es que "Lacedemón" es Esparta, y "lacedemonio" es "espartano"; algo que queda muy bien luego para las charlas casuales en las fiestas de relumbrón. Por lo demás, no es un libro que se pueda recomendar como lectura rápida, pero sí que es menos duro de lo que parece.

Y de momento nada más. Si me dejo alguno, ya lo contaré por aquí.

 

Editor WYSIWYG para los Retrincos

Siempre deseoso de ofrecer nuevos motivos (o excusas) a mis queridos lectores (y todos aquellos que acaban en esta página por azares de Google) para que recalen más a menudo por aquí, he incorporado a los Retrincos un editor WYSIWYG. Ahora siempre que escriban un comentario podrán hacerlo viendo, más o menos, cómo quedará el resultado.

Detalles técnicos: usé el módulo WYSIWYG y el editor TinyMCE, que me parece que es el mismo que están usando en GPUL. No es Google Docs, pero está bien.

De paso me he dado cuenta de que siempre usaba el tipo Página en lugar de Historia para crear nuevas entradas en el weblog, lo que para los que saben algo de Drupal debe ser buena indicación de mi conocimiento del "motor" de esta web. Hoy todo son buenas noticias.

 

¿Qué hago con mi iBook?

Soy una víctima de la obsolescencia planeada de la informática.

Tengo un iBook G4 de 12", a 1Ghz, con 768MB de RAM y 60GB de disco duro. Tiene Bluetooth, 802.11b/g, un altavoz fastidiado y la batería sólo funciona si está enchufado, lo que lo convierte en un ordenador portable más que portátil. Tiene instalado OS X 10.3, "Panther", que era el que venía "de serie". Compré el ordenador de segunda mano en el 2006, cuando tenía dos años, con lo que ahora tiene cinco.

Son muchos años para un ordenador. "Panther" está en la lista de sistemas operativos en extinción. La versión siguiente, "Tiger" (10.4), ya es vieja; y "Leopard" (10.5) es lo que viene con los Macs que se venden ahora. Usar "Panther" ahora es como usar Windows 98 cuando Windows XP lleva un año en circulación. No es fácil encontrar software nativo, y si lo encuentras son versiones antiguas. Eso no me importaría demasiado: ahora mismo estoy usando Firefox 2.0.20, y salvo Flash (que al fin y al cabo tampoco podía usar, porque no hay versión para PowerPC), no echo nada de menos. Lo malo es cuando no hay versión disponible, ni antigua ni nada. Por ejemplo: estoy buscando un cliente de subversion, pero salvo que tire de MacPorts o de Fink (que tampoco tiene la última versión para "Panther"), no lo hay. Los productos Open Source suelen ser más "tolerantes" al uso de sistemas operativos algo antiguos, pero cinco años son muchos años. Hace cinco años acababa de salir la primera Ubuntu: la versión 4.10, "Warty Warthog"; ahora está a punto de salir la 9.04, "Jaunty Jackalope". Hace cinco años la distribución estable de Debian era "Sarge" (3.1) y ahora es "Lenny" (5.0). En ese tiempo han salido versiones menores de "Panther", con lo que ahora tengo la 10.3.9. Pero claro, sigue siendo "Panther".

Así que ahora no sé qué hacer. Quería mantener OS X, porque es el operativo nativo del iBook y se nota. Por ejemplo, en cómo manejar el touchpad. Como sólo tiene un botón, el segundo botón que se presupone en Linux se simula con F12. El botón del medio se simula con F11. Luego está el soporte de dispositivos: a estas alturas todo está bien soportado en Linux, pero noto que el ventilador (no sé si del micro, del disco duro, o qué) no se oye en OS X salvo si le doy mucha caña, pero en Linux se activa con poco que haga. En OS X se puede usar la tecla "Alt" como sustituto de "AltGr" para teclear arrobas o sostenidos, pero en Linux hay que usarla en combinación con la tecla "Fn" (hay formas de cambiarlo, lo sé; pero estoy hablando del comportamiento por defecto). En resumen, la user experience no es tan buena.

Pero no me va a quedar otro remedio que instalar Linux. Cada vez que necesito algún programa nuevo, sudo. Estoy demasiado acostumbrado a tener todo al alcance de apt-get. Tuve durante un tiempo OS X y Linux, y Gnome se movía bastante bien. El iBook trae una ATI de 32MB, que da para tener Compiz con bastantes efectos activados sin sufrir mucho. Siempre me pareció que el disco duro iba más lento en Linux que en OS X; pero no tengo pruebas, pudo ser mi impresión.

Otra opción sería venderlo. ¿Pero por cuánto? Se pueden encontrar netbooks casi tan potentes (aunque no tan bonitos, por supuesto) por poco más de 200€. Para venderlo por menos que eso, me lo quedo aunque sea como adorno.

Así que ... tendrá que ser Linux. Debian o Ubuntu; antes tenía Ubuntu porque no es lo mismo el hardware PowerPC que el Intel, y no quería ensuciarme las manos demasiado. Pero como mi ordenador "principal" lleva Ubuntu, y no dependo de drivers privados (los de Nvidia), podría volver a Debian después de varios años de exilio. Aunque no sé cómo de difícil sería la configuración de la tarjeta wifi; debe estar bien soportada, pero en Ubuntu venía todo hecho.

Creo que es el momento de empezar a bajarse el netinst de "Lenny" para PowerPC.

Frustraciones del "tuning" de escritorio

No sé si les habrá pasado lo mismo: un día, por probar, arrancan una sesión con otro escritorio distinto al que usaban. XFCE en lugar de Gnome, Gnome en lugar de XFCE, KDE en lugar de LXDE, lo que sea. No les gusta, y vuelven al de siempre. Y entonces se dan cuenta de que hay cosas que han cambiado: los tipos de letra no se ven igual y los temas de GTK/Gnome no funcionan, o funcionan a medias.

A mí me cabrea mucho (me cabrean mucho muchas cosas, que conste; es un problema que tengo). Y como pensé que habrá gente a la que también le cabree, les voy a contar de forma muy breve cómo arreglarlo. Los dos temas van por separado: tipografías por un lado, aspecto de GTK por otro.

Lo de las tipografías en Linux es una historia complicada. Uno de los protagonistas es un software llamado fontconfig. A grosso modo, controla cómo se ven las fuentes en la pantalla. Es el que tenemos que tocar para, por ejemplo, configurar el antialiasing de las letras.

No sé cómo hace Gnome para guardar la configuración de tipografías. Yo toqueteo un poco el asistente hasta que encuentro una configuración que me gusta (que viene siendo antialiasing con LCD subpixel, y luego suavizado a nivel "Leve", o "Ligero", según la traducción). Anteayer probé un momento KDE 4.1, a ver si se había redimido de sus pecados; y como no era así, volví a Gnome (que conste que antes tenía XFCE, pero eso es otro tema). Y las tipografías estaban todas mal. El antialising era distinto. Fui inmediatamente al asistente de Gnome para ver qué había cambiado. Nada: todo seguía igual, pero aquello se veía ... mal (hacen falta años y mala baba para entender la importancia de estas tonterías). Probé a cambiar todo lo cambiable y vi que apenas se notaba diferencia. Horror.

Entonces recordé algo: el fichero ~/.fonts.conf. fontconfig toma la configuración de varios sitios: primero la configuración general de /etc, luego la configuración de usuario. Y esa configuración está en el fichero ~/.fonts.conf. Comprobé que tenía ese fichero, y mirando el contenido vi que podría tener que ver con las diferencias que notaba (había un hinting = full en un sitio que era sospechoso). En otros tiempos hubiera buscado en Internet cómo funcionaba, pero voy viejo y me hago cómodo. Eliminé el fichero y santas pascuas. Al volver al asistente de Gnome para las tipografías, todo volvió a funcionar. Una cosa solucionada.

Después estaba el tema del tema (ríanse, es un chiste). Quería cambiar el aspecto del tema en Gnome, y sólo cambiaban algunas cosas. Esto lo lleva GTK, y cómo no, también tiene un fichero de configuración de usuario: ~/.gtkrc-2.0 (si tienen un fichero llamado ~/.gtkrc-1.2, son ustedes miembros de la vieja guardia o llevan demasiado tiempo sin actualizar su distribución). De paso descubrí que los bookmarks del navegador de ficheros de GTK (el que se lanza cuando le dan a "Abrir" o "Guardar como" en aplicaciones GTK) se guardan en ~/.gtk-bookmarks. Cosas de escribir ~/.gtk y pulsar "Tab".

Para abreviar, apliqué la misma receta a este fichero que al de fontconfig, y volví al asistente. Todo correcto. Mucho mejor.

Aparte de estos comportamientos extraños que achaco a que XFCE, KDE y Gnome usan formas ligeramente diferentes de guardar los settings, una cosa que siempre me ha molestado mucho de Gnome es que por defecto sólo te permite configurar unos pocos atajos de teclado. Por ejemplo: sólo trae dos escritorios virtuales por defecto, y por lo tanto, sólo trae atajos de teclado para cambiar entre dos escritorios. Increíble. Muy pocas cosas tiene en pantalla esta gente si les llegan dos escritorios. Otra: no hay ningún atajo de teclado para lanzar un terminal, hay que irse al menú o crear un lanzador en la barra. Gnome debe de estar hecho para gente que no usa el teclado, o algo así. No sé.

Para cambiar algunas de estas cosas se puede ir al asistente de Gnome, pero para otras hay que tirar de una utilidad llamada gconf-editor. ¿Recuerdan todo lo que, años ha, criticábamos de Windows porque tenía un "registro" en el que estaba gran parte de la configuración, que tiene un interfaz ridículamente complejo y que de vez en cuando se corrompe y obliga a configurar todo otra vez? Pues GConf es lo mismo, pero en Linux. Miren cuántas cosas buenas aprendemos de Windows.

Con gconf-editor se pueden cambiar los atajos de teclado de Metacity, el window manager que usa Gnome. No hay capturador de keystrokes, hay que introducir la combinación a mano (por ejemplo, "<Control>F5"). La tecla Windows es "<Super>", por si se lo preguntaban. Para definir un atajo que lance una aplicación primero hay que definir el atajo para run_command_1, y luego, en otra parte, definir lo que hace ese run_command_1. Todo muy user friendly, como pueden ver.

En fin. Ya me he desahogado por hoy. Para compensar, me apunto contarles otro día las grandezas de Ardour. Vayan mirando para abrir boca.

Entrevista a Eddie Van Halen en 1980

Buscando otras cosas encontré una entrevista a Eddie Van Halen en 1980, cuando acababa de sacar su segundo disco. Es interesante porque cuenta cómo construía y retocaba sus guitarras al empezar hasta sacarles el sonido que quería, entre muchas otras cosas.

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