Los "virtual appliances" de rPath y JumpBox

Hoy descubrí en el trabajo los virtual appliances de rPath y JumpBox, y fue al mismo tiempo excitante y descorazonador.

Los virtual appliances son máquinas virtuales hechas a medida para albergar una aplicación. Las que vi yo eran sobre todo LAMPs: Drupal, Joomla, Mediawiki, etc. Te descargas una máquina virtual, la levantas, y ya tienes esa aplicación funcionando. Luego puedes configurar la aplicación por web; pero lo importante es que también puedes configurar el sistema por web. Todos estos appliances traen un panel de control web para gestionar el sistema operativo.

¿Qué significa esto? Que los administradores Linux "expertos" ya no son necesarios. Lo eran cuando hacía falta saber bastante para instalar y configurar Linux en un ordenador para que albergara una aplicación. Pero ahora te descargas un fichero con todo el sistema operativo instalado y configurado, creas una máquina virtual en tu virtualizador preferido (las imágenes de rPath y JumpBox vienen en varios formatos: QEMU, VMWare, el nosécómosellama de Microsoft ...), y luego le pasas la URL al encargado de la aplicación para que toque ahí lo que le haga falta. Todo a golpe de ratón. Sin tocar ficheros, ni usar ssh, ni vi, ni nada de eso. Puedes despedir a tu gurú de Linux, contratar a un becario por la mitad del precio y quedarte el resto. ¡Viva el progreso!

Lo mismo debió sentir el primer operario de General Motors (o cualquier otro gran fabricante de coches) cuando vio los primeros robots en sus fábricas. O los zapateros de toda la vida cuando vieron los primeros Nike. O los vendedores de Nike legales cuando vieron lo que llegaban desde China y se vendía a un precio ridículo. En fin: que nos jubilan. Que tantos años de aprender cómo funcionan las tripas de un operativo se han devaluado y van a ser mucho menos valiosos de ahora en adelante.

Debería servir como cura de humildad para muchos.

Una nueva generación de Open Source

Zimbra. SugarCRM. Alfresco. Funambol. Hyperic HQ. Openbravo. Incluso Websphere, de IBM. ¿Qué tienen en común todas estas aplicaciones? Todas son lo que se ha llamado Commercial Open Source: open source sí, pero a vaquiña polo que vale.

"A tribute to Joni Mitchell"

Supongo que el nombre no les sonará mucho, porque hace un tiempo a mí tampoco lo hacía. Era uno de esos nombres enterrado en la bruma de los sesenta y setenta, una más de las muchas cantantes de folk-rock de la época, aburrida y pseudo-hippy como todas.

Pero no.

Los datos biográficos los pueden ver en la Wikipedia y no los repetiré aquí. El resumen rápido: es una cantante canadiense que tuvo su momento de gloria en los sesenta y setenta (en eso no me equivocaba en mis anteriores intuiciones), con muchas canciones que al parecer son muy famosas en los USA y Canadá pero que aquí posiblemente no nos suenen en absoluto. Su estilo se caracteriza por una voz con un registro muy amplio, desde tonos de vieja puta parisina cascada por el tabaco y el alcohol a hippy jovencita y colocada cantando en falsete. No piensen que lo digo como algo malo. Es que me salen los símiles así de mal.

Su música es sobre todo acústica, voz y guitarra, a veces piano (también tocado por ella). Técnicamente, su estilo a la guitarra es especial: usaba muchas afinaciones alternativas, e incluso desarrolló una notación particular para ellas.

A tribute to Joni Mitchell es un álbum de versiones de canciones de la susodicha, interpretadas por nombres tan conocidos como Prince, Elvis Costello, Björk o Annie Lennox. Las canciones originales eran folk-rock puro y duro, pero las versiones las transportan al reino del pop. Intencionado o no, el resultado sirve de aproximación al mundo de Joni Mitchell. Es fácil que gusten las canciones del álbum tributo y no las originales, porque eso es lo que pasa con las versiones sobre todo cuando no se conoce primero la original. Aún así, el álbum es bueno por sí mismo, homenajes aparte.

Las mejores versiones del disco son las que parecen una canción propia de quien las hace. El ejemplo más claro es A case of you, la versión de Prince. También Ladies of the Canyon, la versión de Annie Lennox, es personalísima y, en mi opinión, mejor que la original. Son las dos muy accesibles, perfectamente escuchables por oídos no "entrenados" en el duro arte de aguantar música pretenciosa pero horrible con cara seria y falsa sonrisa de entendido. Vamos, que las pueden escuchar sin esperarse nada experimental ni elevado: son pop muy corriente pero de calidad.

Hay una versión que no pertenece al álbum pero que yo también incluiría: la que la difunta Eva Cassidy hizo de Woodstock. Creo que en Wikipedia está la historia de esta canción, que en breve es la siguiente: cuando el gran acontecimiento de Woodstock, en el 68, el agente de Joni Mitchell le dijo que no merecía la pena ir, que no iba a ser demasiado importante. Una gran prueba de por qué uno siempre debe hacer lo que cree correcto a pesar de que los "entendidos" digan lo contrario. Joni vio todo lo que fue Woodstock en la televisión, llorando de rabia y tristeza por no estar allí, y compuso la canción como consuelo. La versión de Eva Cassidy (álbum Time after time) es todavía más acústica que la original, y cuenta con la bellísima y angelical voz que la caracteriza. Recomendada al 150%.

Por si les interesa seguir mirando, pueden ver más información sobre el disco y escuchar una preview de las canciones en la página de Amazon sobre el disco.

"Saga", de Tonino Benacquista

Si se junta a cuatro guionistas/escritores fracasados, de orígenes variopintos, y se les da la ocasión de hacer una serie de TV con total libertad ... ¿qué pasaría? Ésa es la premisa de Saga, de un escritor francés completamente desconocido para mí hasta ahora llamado Tonino Benacquista.

El libro trata de cómo encajan esas cuatro personalidades, qué producto resulta de su combinación artística y qué (inesperadas) repercusiones tiene sobre la sociedad francesa. Y entre medias, como decían en "Parque Jurásico", la vida se abre camino: cada guionista tiene su vida y sus planes, que no dejan de ocurrir porque se encierren en una habitación a hilar las vidas de los personajes de "Saga", que es el nombre de la serie que crean.

Los cuatro guionistas son:

  • Un guionista mayor que tuvo sus días de glorias hace treinta años
  • Una escritora de novelas de amor traicionada por su editor
  • Un guionista de películas de acción al que le han robado lo que podría haber sido su gran éxito
  • Un guionista novel para el que "Saga" es su primer proyecto importante

La novela está contada en clave de humor, escrita de forma sencilla pero salpicada de toques líricos ("dos sombras brindaban con champán") y reflexiones, con la voz de los personajes, sobre la vida y el mundo de la TV y el cine. Hay referencias frecuentes a programas de TV y películas famosas, algunas (la de Ingmar Bergman) insertadas de forma muy graciosa. Es un libro divertido, no demasiado largo (sobre las 300 páginas) y con un final sorprendente ... aunque tampoco me gustó demasiado. Yo hubiera acabado el libro un poco antes: el último capítulo me parecía innecesario. Te saca un poco de todo el mundillo de la TV y el cine en el que te había metido desde el principio.

Por lo demás, los personajes son entrañables y se los "cala" rápido. Todo el libro está contado desde el punto de vista del guionista novel, que es el nexo de unión de los demás. Es una persona joven y con problemas de pareja, obsesionada por su trabajo y con ganas de comerse el mundo. Cae bien desde el principio, lo que es una gran ayuda a la hora de seguir leyendo.

Muy recomendable. No sé cómo de fácil será de conseguir (a mí me lo dejaron), pero merece la pena buscarlo.

"No es país para viejos", de Cormac McCarthy

Pues sí. No vi la película, pero leí el libro (justo al revés de lo que se suele decir).

El argumento es bastante conocido a estas alturas: Moss, un veterano del Vietnam que vive en la frontera entre los USA y México, encuentra los restos de una pelea entre narcos: coches, sangre ... y una maleta con algo más de dos millones de dólares. Se la lleva y entra en el juego de los narcos y un asesino sin conciencia, Chigurh, que, entre otras cosas, decide la vida o la muerte de la gente basándose en una tirada a cara o cruz. Siguiendo el rastro de sangre que dejan está el sheriff Bell, mayor y filósofo aficionado, que no puede más que llegar tarde a todos los acontecimientos que protagonizan Moss y Chigurh.

El veredicto breve: corto, intenso y un poco flojo al final. Merece la pena, pero los últimos capítulos son algo así como un epílogo extendido en el que Bell reflexiona sobre la vida y los tiempos actuales, sin tener demasiada relación con la historia. O a lo mejor sí. Como de costumbre, seguro que se me escapa algo. Hay en concreto un capítulo en el que Bell habla con un tío suyo que no aporta nada, pero nada, a la historia. Directamente, quiero decir. Es como si la historia no fuera más que un accesorio para la parte importante de verdad, los arranques filosóficos de Bell. A lo mejor McCarthy quería escribir el rollo éste de Bell filosofando pero metió la historia de Moss y la maleta de los dos millones de dólares para enganchar al público. Estas cosas pasan.

Me llamó la atención el estilo de McCarthy. Especialmente cómo no usa ni una sola coma en medio de una frase, lo hace todo a base de "y". Por ejemplo, esta frase:

Entré en la cafetería, cogí el periódico, me senté a una mesa y llamé a la camarera.

En estilo mccarthiano sería:

Entré en la cafetería y cogí el periódico y me senté a una mesa y llamé a la camarera.

Que es raro, pero funciona. Es como si tuvieras que leerla en alto sin parar a respirar y llegaras al final de la frase apurando para no quedarte sin aire. No tengo números, pero yo diría que eso hace que el libro se lea un 13% por ciento más rápido que si tuviera comas. Aproximadamente. Podría ser un 14%. O un 13.5%.

Otro quirk de McCarthy: los diálogos. No hay marcas de diálogo. Lo que dice un personaje y otro se separa sólo con puntos y aparte. Hay las indicaciones habituales de "dijo X", pero no están separadas de lo que dicen por comillas ni nada parecido. No es tan molesto como el estilo de Saramago (al menos en "La caverna", que es el único que empecé a leer), y al cabo de un rato te acostumbras.

El libro se lee bien y hasta las reflexiones finales engancha bastante. Recomendado, aunque sea sólo por comparar con la película.

Syndicate content