Literatura

Libros y otras cosas de papel.

"The Emigrants"

Ya saben cómo es esto del blogging: pasas meses sin tener nada que decir, y luego escribes cuatro o cinco artículos seguidos. Eche o que hai.

He acabado de leer The Emigrants, de Vilhem Moberg. El nombre no les sonará nada, porque sólo frikis tan aleatorios como yo acaban leyendo libros de gente tan desconocida (para nosotros) como ésta. Pero si preguntaran en Suecia, descubrirían que Moberg es un autor muy conocido, un prodigio que publicó su primera novela a los 13 años. Más información en Wikipedia.

The Emigrants iba a ser una trilogía, pero al final fueron cuatro libros. Yo he leído el primero. Las novelas van sobre unos emigrantes suecos en el siglo XIX (año 1850, en concreto), que debido a las condiciones de vida insoportables en su tierra natal se van a América. Un millón de suecos emigraron a EEUU en el siglo XIX (muy parecido a lo que pasó en Galicia), especialmente a Minessota. La primera novela nos cuenta por qué la familia de Karl Oskar, granjero de Korpamoen, decide vender su granja y emigrar a los EEUU con su familia; y cómo otros vecinos, por diferentes razones, se unen a él en el viaje.

Hay dos partes en la novela: la parte "pre-viaje" y la parte del viaje en sí. En la primera se nos explica cómo era la vida de los granjeros pobres (como Karl Oskar) en el siglo XIX, firmemente enmarcada en la religión luterana y la lealtad al gobierno dirigido por el rey Karl Johan. Había una rígida jerarquía social en la que los "ayudantes de granja" (farmhands, en inglés; no sé cuál será la traducción correcta) son lo más bajo, y el rey (justo por debajo de Dios) lo más alto. Un granjero tiene que rendir tributo y lealtad a todos ellos, y hacer lo que le ordenan. Aparte, los granjeros con pocas o malas tierras tienen que trabajar mucho para sobrevivir, y los años malos son muy malos para ellos.

Por todo esto, Karl Oskar y su familia (su mujer Kristina, sus tres hijos y su hermano pequeño Robert) deciden emigrar a America, un sitio mítico del que no conocen nada más que lo que pone en un libro que más parece un tríptico publicitario que otra cosa. La segunda parte trata sobre el viaje en barco de varias semanas, en los que se enfrentan al escorbuto, el hacinamiento, el aburrimiento y la muerte de seres queridos. El libro acaba con los primeros pasos de la gente de la parroquia de Ljuder (la parroquia donde está la granja de Karl Oskar), provincia de Småland, en Nueva York.

Yo he leído la versión en inglés (la compré en Amazon), y a veces es un tanto densa. No es un libro de leer rápido. El estilo es a veces un tanto florido, pero lo justo. No hay divagaciones extrañas, como en Moby Dick, y sí mucha introspección de los personajes: se ve cómo piensan, cómo dudan, cómo se justifican sus actos. Uno acaba comprendiendo a cada uno de los personajes, y (como en todo buen libro) sigues leyendo porque te preocupa lo que les pasa. Hay un par de momentos tristes en el libro que no hacen más que aumentar la empatía con los personajes. Cuando Karl Oskar, pobre pero orgulloso, pone los pies en tierra americana, sientes (como él) que por fin, después de tanto trabajo y sufrimiento, va a cambiar su suerte.

Compraré y leeré las secuelas. Les mantendré informados.

"The Stand", de Stephen King

Esta semana he terminado de leer "The Stand", de Stephen King (creo que en español se llama "Apocalipsis"). Pretendía que fuera mi primer libro de Stephen King, pero por diversas razones acabé leyendo "La Zona Muerta" antes que ése. Lo escogí, como contaba hace unas semanas (unos meses, más bien), porque dicen que es el preferido de los fans. Quería leer algo bueno de Stephen King para hacerme una idea de su estilo, y decidir si leer más cosas o no.

El libro "pesa" unas 1200 páginas, porque es la edición reeditada y recauchutada, unas 500 páginas más que el original y 12 ilustraciones. Lo que S. K. tuvo que recortar en la primera edición (en 1978) porque sus editores no le dejaron publicarlo, lo hizo él después, cuando ya era suficientemente famoso, rico y chulo (en 1990). El libro fue ligeramente reescrito para ambientarlo en esos años: hay referencias a Tom Cruise, George Bush y cosas así. La edición que tengo yo es de tapa dura, en inglés. A mí me gustan los libros así, pero es tan enorme que parece que vayas cargando con la Biblia.

Tengo algo que decir respecto a las ilustraciones: son en blanco y negro, de un marcadísimo estilo cómic. El artista (Bernie Wrightson) dibuja bien, pero tengo un problema con su estilo: dibuja las chicas como si fueran hombres. Y hombres musculosos, además (sé que a algunos de mis lectores eso les parecerá un aliciente, pero no es mi caso). Si no fuera por las notas al pie, no habría reconocido en los dibujos a las protagonistas.

La historia es ésta: un laboratorio militar de los EEUU desarrolla una versión de la gripe que produce una mortalidad del 99%. Por accidente se produce una fuga, y la gripe (Captain Trips, le llamarán luego) se propaga por el mundo, causando un apocalipsis en el que sólo sobreviven unos pocos. La sociedad que conocemos se desmorona y desaparece. Los supervivientes tienen misteriosos sueños que los separan en dos bandos: los que se sienten atraídos hacia Nebraska, hacia una muy anciana mujer negra que vive rodeada de campos de trigo y que ven como la personificación de la bondad (Abagail Freemantle); y los que se sienten atraídos hacia Las Vegas, hacia el poder de un hombre oscuro y sin rostro, la encarnación del mal más malévolo, al que llaman Randall Flagg. Los dos bandos se preparan para la inevitable confrontación mientras intentan restaurar un estilo de vida parecido al que llevaron antes de la epidemia.

Lo mínimo que puedo decir del libro es que engancha. No engancha tanto como para leerlo hasta la madrugada todos los días, pero es muy fácil dejarse llevar y leer un poco más sólo para ver qué pasa con los personajes. Me gustó el desarrollo blow by blow de la tragedia, centrándose en los detalles de la vida cotidiana de cada personaje. Otros habrían resumido la agonía de la sociedad en unas pocas páginas, a grandes rasgos, pero King la describe día a día durante una buena parte del libro. En total, el libro abarca unos tres meses, desde que se produce el primer contagio hasta el desenlace de la batalla final. Como ver el derrumbe de un edificio a cámara lenta, desde que se aprieta el botón del detonador hasta que se asienta el polvo sobre las ruinas.

No soy un gran lector. Leo mucho, pero no me paro a analizar lo que leo ni reflexiono sobre ello. "Devoro" libros, más que "degustarlos". Me quedo con las ideas de lo que pasa en lugar de saborear la prosa como hacen los lectores "de verdad". Quizás por eso nunca podré apreciar a los clásicos, que en general me parecen un tanto aburridos. Lo digo para que lo tengan en cuenta cuando digo lo siguiente: "The Stand" está muy bien escrito. Aunque sólo sea porque es un montón de texto, y nunca se hace pesado. Los detalles están muy trabajados: las referencias cronológicas, culturales y geográficas son apabullantes y verosímiles. No sé si alguien nativo de los USA lo verá igual, pero a mí al menos me lo pareció. Los diálogos también me gustaron mucho, porque tras un rato de leer identificas perfectamente a cada personaje sin que te digan quién es, sólo por su forma de hablar.

En otros libros parece que el escritor está en un helicóptero a varios cientos de metros sobre los personajes, contando lo que les pasa con frialdad, como observándolos en un laboratorio. En "The Stand", el escritor está pegado a ellos; es como un reportero que, cámara al hombro, estuviera filmando un documental sobre los personajes. Es imposible no sentirse inmerso en la historia con algo así.

El primer capítulo en el que se centra en Randall Flagg, describiéndolo, me gustó mucho. Es increíble cómo se puede escribir tanto sobre un personaje, diciendo de mil y una formas lo malvado que es, sin cansar. Al final del libro se pierde un poco de el aura que tiene durante todo el libro, pero mientras tanto da miedo. Nunca se sabe bien qué o quién es, ni hasta qué punto tienen límite sus facultades. A veces te quedas pensando, arqueando una ceja: "¿pero es que también puede hacer ESO?".

Otra cosa interesante del libro: cuando empiezas a leerlo, piensas que va del drama humano en la situación que se plantea. De cómo es la gente en situaciones tan desesperadas, el miedo que tenemos a los desconocidos, lo frágil que es nuestro estilo de vida, y cosas así. Todo muy racional, realista, tipo ciencia-ficción especulativa. Pero todo cambia cuando aparece Flagg, y empiezas a ver que el libro va a ser distinto de lo que te imaginabas. A mí me sorprendió bastante, y no sé si fue que King tenía pensado hacer un libro y luego a la mitad se le ocurrió darle un giro más fantástico o si lo tenía pensado desde el principio y todo lo que hay antes de la presentación de Flagg es sólo una introducción pasada de vueltas.

Por lo demás, hubo dos aspectos del libro que no me gustaron mucho:

  • Algunos personajes, a fuerza de ser tan "originales", son esperpénticos. Y lo peor es que, aún así, te los crees.
  • El final es un tanto deus ex machina. Todo ocurre de forma un tanto milagrosa, sin más explicación que "porque sí". O también puede ser que la explicación esté muy clara y yo no me haya enterado bien; pero me habían comentado que estas cosas solían pasar en los libros de Stephen King: todo se complica tanto que, al final, el desenlace no es del todo comprensible ni satisfactorio.

En general, muy recomendable. Me han dejado ganas de leer más cosas de Stephen King. Posiblemente me anime con algo de "La torre oscura". ¿Vaqueros post-apocalípticos bajo un gobierno feudal? Eso tengo que verlo.

L-U-N-A, eso significa algo interesante.

"The enchantment of Lily Dahl"

Este fin de semana no tenía a mano el libro que había empezado a leer, así que me zampé otro que tenía en el montón de "libros por leer": The enchantment of Lily Dahl, de Siri Hustvedt.

Tras las primeras veinte o treinta páginas, pensé que estaba leyendo una pieza clásica de chick-lit. Estaban todos los elementos: chica joven, guapa, trabajadora e independiente conoce a artista guapo y misterioso, y siente por él una pasión arrebatadora que le hace dejar a su estable, tranquilo y predecible novio actual. Faltaban otros tópicos (la playa, hacer el amor delante de una hoguera, cabalgar a caballo), pero todavía quedaba mucho libro y no se podía descartar nada.

Por suerte, no ha sido así. Sí que hay mucho de chick-lit, o al menos (no habiendo leído -- conscientemente -- nada del género) eso me pareció: por el punto de vista, la cantidad ingente de introspección sobre los sentimientos y pensamientos de la protagonista, las descripciones minuciosas de los vestidos y cuerpos de los protagonistas (por ejemplo, de las manos del artista; no sé por qué, a muchas mujeres les fascinan las manos; y no es que me queje, ojo, pero me intriga) y las escenas "sexy". Seguro que hay libros escritos por hombres que también tienen mucho de eso, pero para mí (y llámenme machista si quieren) son algunas características de la literatura femenina. Acepto humildemente correcciones y comentarios.

No me gustó demasiado. Un tanto aburrido, diría yo. Haciendo que el artista sea en realidad un espía secreto que se enfrenta a una sociedad secreta con un ejército de mujeres ninja con espadas láser y una talla 90 copa C, usando aparatos de ultimísima tecnología y con coche de trescientos caballos, con banda sonora de AC/DC, sería mucho más apetecible para el público masculino. Apúntenselo si desean vivir de esto.

El bazar de las palabras

Una de las cosas más difíciles de escribir es evitar las palabras y expresiones que se nos han pegado de libros, gente, radio o televisión, y que no aportan nada, sólo contaminan y confunden lo que dices. Piensas en cómo decir algo, y es como si tropezaras con ellas, como si se interpusieran en tu camino para hacerte caer y fijarte en ellas. Es como ser asaltado por mercaderes, ofreciéndote sus mercancías a grito pelado, en un bazar. El bazar de las palabras.

Todos los escritores consagrados dicen que lo más importante para un escritor es "encontrar su voz". Esa voz está en algún sitio debajo de la pila de palabras prestadas que todos tenemos en la cabeza. Para encontrarla tenemos que calentar y martillear nuestra prosa hasta que le quitamos todas las impurezas y le damos la forma deseada. Lo que buscamos es guiarnos sólo por la intuición y no por las influencias externas, que aparentemente es cuestión de dejarse llevar y no pensar conscientemente en cómo se está escribiendo. Pero para conseguirlo, tenemos que hacer un esfuerzo consciente para discernir qué parte de lo que escribimos es propia y qué parte está ahí de adorno, copiando el estilo de algún otro autor, tapando nuestras inseguridades al escribir. En mi caso, cuando me descuido tiendo a usar un estilo artificioso, pretencioso y pedante (y cuando escribo en inglés, más aún); y en cuanto me doy cuenta tengo que dar marcha atrás, borrar lo que he escrito y empezar de nuevo con más humildad. Divagación y vanidad son mis dos pecados capitales. Y si no me creen, vuelvan a la parte de la prosa martilleada y recalentada.

Pero compréndanme: es difícil. Te pones a escribir, e inadvertidamente el texto va cambiando, escorando hacia lo falso, lastrado por tus vicios y malas costumbres. En algún momento te atascas, y releyendo lo que has escrito tienes la sensación de que algo está mal. Y es entonces cuando seleccionas todo lo que habías escrito y vuelves a empezar, o recortas la mitad de lo que llevas y lo reescribes. O te das por vencido y cierras el editor de texto para desconectar un rato. Todos los escritores son, más bien, "reescritores". Imagino que empiezas a mejorar a medida que disminuye el número de reescrituras y cierres de editor.

Hace tiempo ya hablaba de mis malas costumbres al escribir. Esto es algo así como una continuación de aquello.

"The Brooklyn Follies", de Paul Auster

La contraportada del libro dice (traduciendo del inglés):

The Brooklyn Follies cuenta la historia de Nathan y Tom, la actuación doble de un tío y un sobrino -- uno recuperándose de un cáncer de pulmón, divorciado, y alejado de su única hija; el otro, escondiéndose de su una vez prometedora carrera, y de la vida en general.

Cuando Lucy, una pequeña chica que rehuye hablar, entra en sus vidas, de repente aparece un puente desde sus pasados que les ofrece la posibilidad de redimirse.

Y sí, el libro es todo eso. Pero aún así ...

A mí me gusta mucho el estilo de Paul Auster. Es limpio, elegante y conciso. Da gusto leer algo suyo. Pero aún así, tengo problemas con sus libros. No acabo de encontrar uno que me guste del todo. Y me ha pasado de nuevo con éste.

A The Brooklyn Follies le echo en falta un "arco argumental". O sea: normalmente, los libros parten de una situación para llegar a otra. En ese viaje pasan cosas, que son las que forman la acción. Pero hay un principio y un fin definidos, con una situación de clímax entremedias. En este libro hay una situación inicial, y luego pasan cosas ... pero no acabo de ver a dónde quiere ir a parar, ni dónde está el clímax. Al final del libro, la acción podía seguir otro rato más de la misma forma inconcluyente. Casi me dio la impresión de que Auster pensó: "Vaya, ya he llegado a las 50000 palabras. Voy a acabar aquí mismo".

También puede ser que no me esté enterando, y que el resto de lectores de Paul Auster hayan encontrado ese final que yo no veo. A lo mejor es que me falta el "chimpún" final para darme por enterado.

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