Literatura

Libros y otras cosas de papel.

Fin de la cacería

Antes de nada, he de decir que escribir una entrada en el weblog mientras que la vecina de abajo me atruena con las rancheras de Rocío Durcal (¡y en modo Repeat, que ésta que suena ahora ya la escuché antes!) es algo indescriptible. Menos mal que no soy rencoroso y no voy a ponerle Pantera a todo trapo. Eso sí, de un poco de Trance que me han pasado no la libra ni Dios. Lo va a flipar.

Y dicho eso, vayamos al asunto importante.

Ayer acabé de leer Moby Dick. Supongo que no les dirá mucho porque últimamente ya ni los bots de spam por web me dejan comentarios (que diligentemente borro), y seguro que si están leyendo esto es porque han llegado por alguna de esas casualidades del destino (o de Google). Pero tranquilos, que aún así les cuento. Para ponerles en contexto, había hablado de mi aventura en el Pequod aquí.

Al final, no sé si por algo parecido al síndrome de Estocolmo, no me ha parecido un libro tan pesado. Sí que es cierto que hay capítulos enteros dedicados a una pieza del bote de ballenero, otros explicando por qué las cosas malas cuando son blancas son peores, otros con una clasificación de los cetáceos confeccionada por el propio Herman Melville, y bastantes otras desviaciones de la historia principal. La historia "de verdad" ocuparía como un tercio del libro, o quizás menos. Pero aún así, a pesar de todo esto, no es tan fiera la ballena como la pintan.

Ahora la vecina ha puesto Peret. Bien. Esto cada vez se anima más.

Hay varias partes del libro que son más densas que los demás. Y el lenguaje, un inglés florido y con bastantes arcaismos (no sé qué parte por la época del autor y qué parte por el propio género), no ayuda. A pesar de haberlo leído todo, hay partes que todavía no me han queado muy claras. Sí que me ha quedado claro que eso de ere se puede traducir por before, pero tampoco exactamente. El uso a lo largo del libro es bastante frecuente, como de dost, canst, y cosas así. Ah, y lo mejor es que parece que Melville da por sentado que la historia del mundo que se cuenta en la Biblia es la verdad, por las referencias que hace al diluvio universal y a los cinco mil años de existencia del mundo. Lo que me recuerda otros capítulos en los que describe varias partes de las ballenas, y uno en el que habla sobre su tamaño, con referencias clásicas (Plinio, por ejemplo) y mitológicas (que uno no sabe si tomarse en serio o sólo como algo poético que está ahí para adornar). Ah, y hay otro capítulo muy bueno ("bueno" en el sentido de que lo lees con el ceño medio fruncido, en incrédulo pero divertido asombro ante el absurdo que tienes delante de ti; como con las cosas que dice J. María Aznar, para que se hagan una idea), en el que reclama para el gremio de los balleneros a Perseo y Hércules.

Pero en general, a pesar de sus peculiaridades, un buen libro. No sé si merece el calificativo de "uno de los mejores libros de la literatura americana", pero no me arrepiento en absoluto de haberlo leído. Cuando hice la apuesta pensé que iba a tener que sudar tinta, pero me costó más leer el anterior a éste (The years of rice and salt, de Kim Stanley Robinson). La travesía en el Pequod tuvo sus momentos difíciles, pero en general fue un viaje agradable.

Ahora toca The Brooklyn Follies, de Paul Auster, y luego tres o cuatro libros más entre los que se encuentran uno para aprender sánscrito (sí, soy así de friki), uno sobre los océanos, The enchantment of Lily Dahl (de Siri Hustvedt, la mujer de Paul Auster) y, al final de todos, The Stand, de Stephen King. Un tocho acojonante, si me permiten la vulgaridad. No había leído nada de Stephen King, y según las reviews que he visto en Internet, el preferido de los fans (a falta de saber lo que dice Eugenio) es éste. Como factor adicional, va de un acontecimiento apocalíptico que elimina a la mayor parte de la humanidad; y por alguna razón morbosa, me encantan los escenarios post-apocalípticos. Así que The Stand fue el candidato elegido para conocer este autor.

Y poniendo la música a todo volumen, ya no oigo a mi vecina. Hoy todo son buenas noticias.

30 días en el "Pequod"

Hace unos días me llegó desde Amazon el libro Moby Dick, de Herman Melville. En inglés, la versión complete and unabridged (según pone en la portada), el texto completo, full equipe.

Hasta ahí todo normal. Un libro clásico, nada raro en ello. Lo interesante viene a continuación: me he comprometido (he apostado, de hecho) a leerlo en 30 días.

Cuando hice la apuesta me las prometía muy fáciles. ¿Un libro de escasas 500 páginas en 30 días? No es trivial, pero no es difícil. Pero luego he hablado con más gente sobre el tema, y los que lo han leído dicen que es un libro "denso": abundan las extensas lecciones sobre técnicas de caza de ballenas (Herman Melville fue ballenero, y basó gran parte del libro en lo que aprendió en la profesión), los soliloquios, las referencias clásicas, las descripciones kilométricas ... Conozco al menos a un par de personas que no lo consiguieron acabar. Y me han dicho que los estudiantes de Filología Inglesa lo llaman Moby Thick.

Estoy empezando a preocuparme.

"Neverwhere", de Neil Gaiman

Todo el mundo conoce a Neil Gaiman. Sobre todo, por sus cómics de The Sandman. Sin embargo, de The Sandman sólo he leido un cómic (aunque Grunt me ha recomendado encarecidamente, una y mil veces, que me compre toda la serie porque es buenísima). Lo que he leido de Gaiman son dos libros: hace unos meses (y releido hace unas pocas semanas), American Gods; y terminado hace un día, Neverwhere. ambos los tengo en inglés, por eso de comprarlos a Amazon UK. No sé si hay algún sitio donde los vendan en castellano; si lo hay, pongan algún comentario. Gracias.

Los dos libros me han encantado. Ambos tienen la estructura del "camino del héroe", un viaje iniciático del adolescente en el que afronta una serie de retos y al final se convierte en hombre (el libro que habla de esto hasta la extenuación, con referencias freudianas y antropológicas "a tutiplén", es El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell). En American Gods, este camino está disfrazado de road movie (o road book, en este caso); en Neverwhere, de cuento de hadas. Ambos también tienen en común plantear un mundo oculto tras el mundo "real", accesible sólo para los que saben cómo acceder a él. Pero por favor, no dejen que mi definición les asuste: lo importante es que los libros son muy entretenidos, están muy bien escritos y dejan muy buen sabor de boca.

Como dije, acabé Neverwhere hace nada. El libro está escrito en un estilo muy ligero, con abundante humor (que desaparece completamente en los momentos más serios, acentuando la tensión y la intriga), sobre todo en la persona de Richard Mayhew, el protagonista. Es un oficinista normal y corriente que se ve, por una acción de compasión, mezclado en una aventura épica a través del London Below, la parte mágica y fantástica de Londres que se oculta tras las estaciones de metro y las alcantarillas del Londres "real". Este libro será especialmente interesante para la gente que conoce Londres, porque puede asociar las partes del Underside (como también se llama a London Below) con las de London Above. Yo no he estado nunca allí, pero creo que si ahora fuera por aquellos lares, me llevaría Neverwhere para comparar.

Los personajes son, como en todo buen relato, capaces al mismo tiempo de hacer sonreir y de dar miedo. Mr Croup y Mr Vandemar son dos malvados por los que uno no puede evitar sentir simpatía. Sus diálogos son de lo mejor del libro. El pobre Richard es torpe y a veces te gustaría darle un par de bofetadas para que espabile, pero acaba cayéndote bien y es fácil identificarse con él como upworlder que no conoce nada sobre los lugares, gentes y costumbres del Underside. Door, el Marqués de Carabas, Islington, Old Bailey ... incluso Jessica y Mr Stockton, todos los personajes son entrañables.

No quiero contarles más sobre el libro, por miedo a dar alguna pista que pueda estropearles la lectura. Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien con un libro; aunque también es, seguramente, porque soy un niño grande y me siguen gustando los cuentos de hadas.

Malas costumbres

Últimamente soy más consciente de algunos "tics", o manías, que tengo al escribir. Tanto por aquí como en otros sitios. Son esos rasgos que caracterizan el estilo de cada uno, pero que a veces, por abusar de ellos, se convierten más en "contaminación literaria" que en "rasgos de identidad".

Uno de ellos es abusar de los párrafos de una sola línea.

Como ahora.

Otro, o más bien otros, son ciertas palabras que uso tan a menudo que casi empiezo a odiarlas. Especialmente adverbios: "básicamente" y "realmente" son dos de los más frecuentes. Quizás también se podría considerar como un adverbio el "bueno" con el que empiezo tantas frases y párrafos. Es una mala costumbre que también tengo al hablar, aunque ahí se puede disculpar un poco más por lo improvisado del discurso.

Otra manía que tengo es emplear frases del tipo "A, pero B". Como si siempre quisiera que lo que digo esté equilibrado. "No tengo coche, pero tampoco lo echo de menos". O también: "Guster me recuerda a los Beach Boys, pero con ciertas diferencias". Creo que es porque en la vida real soy bastante inseguro, y al escribir evito el compromiso con uno u otro lado de la proposición. Lo que acaba manifestándose en esas "frases autocompensatorias".

También uso demasiado las comillas cuando no sé explicarme y me invento términos como "frases autocompensatorias".

Otro gran defecto que ya habrán notado es la multitud de expresiones tipo "creo que", "me parece que", "supongo que", "quizás" ... Otra vez uso el comodín de la inseguridad para justificar eso. Pero estoy intentando superarlo, que conste.

No sé si es porque soy un perfeccionista (de los chungos, eso sí: de los que encuentran multitud de fallos, pero no tienen voluntad para esforzarse en corregirlos), pero cada vez le doy más importancia a estos detalles. Me preocupa escribir bien. Por un lado, es natural, ya que parte de mis ingresos me los gano escribiendo. Pero por otro lado, me gusta la buena prosa como algo bueno en sí mismo. Me gusta cuando escribo un texto, lo releo, y no siento ganas de borrarlo todo, corregirlo compulsivamente o tirarme por la ventana en un ataque de frustración (no se alarmen, transeuntes; esto último pasa con muy poca frecuencia). No he leído nunca un libro de estilo, de éstos hechos por escritores para escritores, pero no me disgusta en absoluto la idea. Creo queAlgún día conseguiré alguno y le echaré un vistazo.

Mientras tanto, éste será mi campo de pruebas. Lo siento por ustedes.

"Trilogía de Nueva York", de Paul Auster

Terminé de leerlo hace unos 10 minutos, y todavía sigo sin entenderlo. Creo que entiendo el sentido general del libro, pero hay un 75% de cosas que se me escapan. ¿Algún voluntario para aclarármelo?

Limitaciones mías aparte, da gusto leer a Paul Auster. Sólo he leído tres libros suyos: "La música del azar", "El libro de las ilusiones", y éste. El que más me gustó fue el segundo. El primero no me gustó tanto, y más que nada por el final. Pero, en general, me gusta cómo escribe: usa un lenguaje sencillo y directo, que entra muy fácil. Aunque eso no quiera decir que cueste menos entender qué es lo que quiere decir de verdad.

Supongo que es literatura demasiado culta para mí. Por suerte, para compensar, ya me han dejado el último de Harry Potter :-)

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